¿Qué significa el término "felicidad"? ¿Dónde la encontramos? ¿Existe realmente? ¿Buscamos encontrarla en el placer? ¿Condicionamos nuestros actos para llegar a alcanzarla?
Si viajamos a través del tiempo y desenmarañamos el pasado, descubrimos que fue el mismísimo Epicuro el que ya, en el siglo III a.C., consideraba que el mayor bien y el fin en sí mismo de la vida no era otro sino el de vivir felizmente su corta existencia. Pensamiento y creencia que le lleva a formar la escuela hedonista.
El hedonismo busca establecer el placer como único fin y fundamento de la vida; y para conseguir la felicidad considera que el único camino viable es el de buscar el placer y evitar el dolor por todos los medios posibles. Aunque bien es cierto que Epicuro defendía de igual modo obtener este disfrute de los placeres guiados por la inteligencia de la que tanto presume el ser humano y que tanto lo caracteriza, pues de otro modo solo se obtendría el padecimiento de un sufrimiento indeseado.
Según lo establecido por la escuela hedonista, pueden distinguirse tres tipos de placeres: Naturales y necesarios, como alimentarse; naturales, pero no necesarios, como los deseos eróticos; ni naturales ni necesarios, como sería el caso del consumo de alcohol. Epicuro dictamina que aquel que sea capaz de disfrutar de los primeros, controlar los segundos y abstenerse de los últimos será capaz de alcanzar la ataraxia, o dicho de otra forma, será capaz de alcanzar su paz interior.
Pero, si volvemos a viajar en el tiempo y ahondamos en el presente, encontramos a los investigadores Bernecker y Daniela Becker, de la "Universidad Radboud", quienes tras varias y profundas investigaciones han abogado por el hedonismo al demostrar a través de sus estudios que la capacidad de las personas para disfrutar o experimentar placer contribuye a una vida feliz, así como el hecho de que se debe buscar la obtención de esta vida feliz.
La cuestión es que la obtención de nuestra felicidad y esa evasión del dolor conlleva al egoísmo, pues al considerar el placer como el único elemento valioso, hace que cualquier otro elemento que tenga valor se convierta en un medio por el que asegurar el placer para uno mismo. Este pensamiento podría llevarnos a desvalorizar los sentimientos de otros y a las personas de nuestro alrededor en sí, pues ¿acaso no nos cegaría nuestra búsqueda por la felicidad y nos haría convertirnos en seres empáticos al considerar que personas externas a nosotros mismos no son otra cosa sino un simple medio por el que poder alcanzar nuestra felicidad y propio bienestar? ¿No estaríamos devaluando a los demás al mismo tiempo que le infligimos daño?
Personalmente considero que no es necesario poseer cantidades exorbitantes de dinero, vestir a la moda o tener el último modelo de móvil que haya salido al mercado. En esas acciones no encontramos la felicidad ni el placer, sino que en ello tan solo encontramos la aceptación del entorno y la sociedad en la que nos encontramos. Solemos actuar según lo que ocurre a nuestro alrededor o más bien, según lo que hacen quienes están a nuestro alrededor, pero realmente no alcanzamos nuestra felicidad de este modo. Considero que el placer y, por consiguiente nuestra felicidad, los obtenemos en los instantes y acciones más pequeños, más sencillos, los más momentáneos, como la risa que te producen tus amigos una tarde de verano mientras estáis sentados en un banco o la sensación de paz que te transmite estar entre los brazos de un familiar. Es en esos pequeños momentos en los que uno deja, sin darse cuenta, de ser consciente de lo que ocurre en el resto del mundo, deja de preocuparse de todo aquello que una vez pudo haberle desvelado y es solo en esos momentos cuando verdaderamente es capaz de alcanzar el auténtico placer y la felicidad absoluta. Supongo que este planteamiento no hace otra cosa sino reforzar la postura de Epicuro, puesto que el ya lo afirmó una vez: "No es lo que tenemos, sino lo que disfrutamos lo que constituye nuestra abundancia".
Bien es cierto que Epicuro promueve ese estado permanente de felicidad, pero si se me permite, diré que el gran filósofo tuvo un fallo en su lógica, pues olvidó que ningún ser humano puede ser feliz sin ser infeliz. Para experimentar un estado de felicidad uno debe de haber conocido antes lo que es la infelicidad, debe de haber experimentado el dolor, ya que de otro modo no valoraría el placer ni la felicidad que este conlleva.
De igual modo, Epicuro estuvo francamente acertado al establecer la felicidad como único fin de la vida, ya que de otro modo, por qué habría uno de vivir. ¿Qué objetivo o finalidad tendría la vida, sino es el de ser feliz y sentirse bien con uno mismo?
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